Contra el menú infantil

Contra el menú infantil

Max, de la maravillosa web Familias en Ruta, ha tenido la amabilidad de colaborar con Creciendo con David escribiendo este artículo acerca de la alimentación infantil (de los conocidos menus infantiles) que me ha encantado y del que comparto hasta la última coma.

Pasaos por su blog, leed el artículo y dadnos vuestra opinión al respecto!

CONTRA EL MENÚ INFANTIL

Nuestro  país es uno de los más visitados del mundo. Su oferta de alojamientos, la variedad de climas y su diversidad natural y cultural es asombrosa y sin embargo en cuanto al turismo familiar se refiere todavía estamos lejos de países europeos como Francia, Reino Unido, Alemania, y no digamos los países escandinavos.

En los últimos años se están haciendo sin embargo progresos importantes. Cada vez son más habituales los alojamientos y atracciones turísticas tanto de la costa como del interior donde alguien ha pensado en planificar y atender las necesidades específicas de los niños: áreas de juegos exteriores o interiores  seguras y bien equipados, tronas y demás accesorios disponibles para los peques y -es muy de agradecer –  un trato amable y considerado para las familias que evita cierto tipo de miradas asesinas.

Lo tenemos muy claro: por una parte como madres y padres somos evidentemente los responsables de atender que nuestros hijos cumplan con unos mínimos de convivencia en espacios compartidos, todo esto forma también parte de su educación. Por la otra, los niños necesitan de forma natural y como personas jugar, llorar o tal vez tomar el pecho y estas necesidades deben ser previstas y por tanto ser posibles si es que nos queremos considerar un país avanzado que respeta a sus ciudadanos tengan éstos de la edad que tengan.

En ese sentido los menús infantiles que cada vez se encuentran más en los restaurantes parecen ir en la buena dirección. La idea en principio es buena. Uno pensaría en una variedad de alimentos y una cantidad de comida adaptados a las necesidades de los niños y a los maltrechos bolsillos de las familias. Sin embargo la decepción no tarda en llegar.

No tarda en llegar cuando comprobamos que el supuesto menú infantil consiste, casi invariablemente siempre en nuestro país (como si se tratase de una misteriosa conspiración), en macarrones ( a veces spaguetti) con tomate de primero y escalope o pollo con patatas de segundo siendo los postes fruta, yogur o helado, el colmo de la variedad.

Y todo esto en un país con una de las mejores y más ricas tradiciones culinarias del mundo. Vamos a ver: ¿es que la pasta no se puede cocinar de otra manera,  ¿sólo hay macarrones  o spaguetti? ¿sólo se pueden condimentar con tomate?. Cualquier italiano se moriría de la risa.

Y la carne. ¿No se podría elaborar un poco más? Que pasa que frita y rebozadita se hace más rápida y a los niños les gusta igual?. Amigos hosteleros, me temo que aquí tienen una asignatura pendiente.

Muchos nutricionistas  cuestionan actualmente la conveniencia de mezclar las proteinas con los hidratos de carbono y más en un país con las tasas de obesidad infantil a las que estamos llegando. Además a este menú le falta alguna de estos tres elementos absolutamente esenciales sobre todo en edad infantil: verduras, legumbres y cereales de buena calidad, o sea, integrales a partir de los tres años y hasta los 99.  Así de sencillo, no hay que ser ningún experto para saberlo..

Así que tres cositas para ir concluyendo. Una que en los menús lo que debería haber es la posibilidad real de escoger entre varias cosas. Dos: que un perfecto menú infantil podría consistir en servir los mismos platos que a los padres que podrían tener por ejemplo la mitad de la cantidad y de precio. Porque, como me decía recientemente una madre amiga mÍa: ¿pero como me puede estar zampando yo una ensalada mezclum con queso de cabra, reducción de módena y frutos secos mientras mis hijos se pelean con la sosería de unos macarrones pasados de cocción y una salsa de pote?. Y tres. Nunca agradeceremos bastante la aportación del libro de Carlos Gonzalez “Mi niño no me come”. Ayudémosles a formar su paladar, a ser exigentes con la calidad de lo que comen, a que coman variado y disfruten de todo tipo de sabores, a que aprendan a identificar y a saciar su propia hambre. Si nuestros hijos han ampliado nuestros horizontes vitales ¿por qué nosotros reducimos los suyos?. Bueno, y ya puestos, una cuarta cosita ¿Para cuando menús de comida ecológica en todas las escuelas?. Porque también podríamos hablar de los menús escolares y de los cáterings ¿ a qué sí?.

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