Un cambio de prioridades

Cambio de prioridades

Como habréis visto en mis entradas anteriores, el jueves estuve en Madrid y dejé a David con papá.

Como el vuelo salía pronto y para no molestarles por la mañana, la noche del miércoles, después de dormir a David, me fui a dormir fuera  (a casa de mis padres que está al lado).
Me fui de casa muy triste, pensando en como se sentiría a la mañana siguiente cuando al despertarse no me viera. Me iba con la sensación de estar traicionándolo.  Así que tras unas lagrimillas y unas cuantas vueltas en la cama me dormí.
Y cuando estaba en lo mejor del sueño, llamó papá diciendo que David llevaba dos horas llorando aterrorizado de no verme… A los cinco minutos ya estaba en casa y el peque se calmó nada mas me vio aparecer.
Yo tenía comprados desde hace meses el vuelo y la entrada para el concierto y no me lo quería perder, así que me fui por la mañana, antes de que se despertaran.Lo que empezó como un drama terminó siendo una bonita experiencia tanto para David como para papá.
Los llantos de David de la noche anterior se debieron más al desconcierto de haberme visto al acostarse y luego no encontrarme que a mi ausencia en si misma. Tanto el día como la noche siguiente, que fue papá el que se encargó, el se mostró tranquilo y seguro y fue una oportunidad de conocimiento mútuo, puesto que nunca antes habían estado solos los dos.El día, a excepción del cansancio, fue muy bien y como ya he contado el concierto fue espectacular. Pero no lo disfrute como otras veces. Me acordaba todo el tiempo de mi pequeño, pensaba en como estarían el papi y él,  si pasaría buena noche o si me echaría de menos.
Y a parte de esas preocupaciones mas o menos lógicas (según los ojos de quien lo mire), también lo echaba de menos. Ya sé que solo fue día y medio y que puede resultar exagerado, pero yo lo viví así.
Así que, al hilo de todo esto me he parado a pensar si es cierto eso que dicen de que cuando tienes hijos “se acaba lo bueno”, o eso otro de que tienes que hacer vida “al margen” de tu hijo para no perderte, y he llegado a varias conclusiones.
La primera es que por supuesto que no se acaba lo bueno. No tienes que renunciar a aquello que te hace feliz puesto que no sería bueno para ti ni para tu hijo. Cuanto mas plena y feliz sea tu vida, mas capacitada estarás para hacer feliz a tu pequeño. Está claro que todo se hace mejor desde la alegría que desde la tristeza.

Pero de la misma manera que tengo claro que no tengo que renunciar a las cosas que me hacen feliz, también me doy cuenta de que mis prioridades han cambiado. Lo que antes me hacía feliz, ahora también lo hace, pero no en el mismo grado.

Ahora, lo que me hace realmente feliz, está siempre con mi hijo. Hay pequeñas cosas que me gusta hacer y que mantengo, puesto que forman parte de mi vida y las considero necesarias, pero solo son eso, detalles que hace mi vida mas feliz.

Así que no creo en eso de que tengas que hacer vida al margen de tu hijo para no perderte. Simplemente tienes que dejar que tu corazón hable con franqueza y escuchar lo que tiene que decirte. Solo así sabrás realmente quien eres y que necesitas para ser feliz. El mío me ha contado que no late con la misma fuerza cuando el corazoncito pequeñin no esta cerca, y me ha pedido que no me aleje demasiado. Y yo he decidido hacerle caso ya que, me parezca bien o mal, el es quien mejor sabe lo que me conviene.
Olvidemos lo que nos cuentan. Que no nos de miedo que nos cuelguen etiquetas (tipo fulanita no tiene inquietudes o hobbies, o no hace otra cosa que estar todo el día con su hijo, o muchas otras) y vivamos la vida que deseamos vivir.
Seguramente no tendrá nada que ver con lo que imaginabamos antes de ser mamás, pero eso no significa renuncia. Significa cambio y crecimiento.
A mi personalmente lo que me hace plenamente feliz es crecer día a día con David, así que tratare de no perderme ni un momento mas de lo imprescindible. Es una cuestión prioridades y yo cada vez tengo más claras las mías.

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